miércoles 14 de octubre de 2009
miércoles 5 de agosto de 2009
La grieta
Un día el Hombre se levantó y decidió ser libre.
Comenzó por la mañana, vigoroso. Desestimó los celos, desmintió los mitos, erradicó la ignorancia.
Al mediodía, almorzó. Luego desechó la culpa, destruyó los dogmas y las religiones enteras, y borró las fronteras nacionales.
Tomó valor después de la hora del té. Ridiculizó a la monogamia, dio muerte a Dios y todas sus sombras (esto le tomó un tiempo considerable), y más tarde abolió las clases sociales y la propiedad privada.
Llegó la noche con su frío. Se dispuso heroico terminar su hazaña y en un grito negó el amor, rompió los espejos y olvidó los libros.
Y así, el Hombre fue libre al fin. Cansado, se sentó en el borde de su cama. Tan solo.
Comenzó por la mañana, vigoroso. Desestimó los celos, desmintió los mitos, erradicó la ignorancia.
Al mediodía, almorzó. Luego desechó la culpa, destruyó los dogmas y las religiones enteras, y borró las fronteras nacionales.
Tomó valor después de la hora del té. Ridiculizó a la monogamia, dio muerte a Dios y todas sus sombras (esto le tomó un tiempo considerable), y más tarde abolió las clases sociales y la propiedad privada.
Llegó la noche con su frío. Se dispuso heroico terminar su hazaña y en un grito negó el amor, rompió los espejos y olvidó los libros.
Y así, el Hombre fue libre al fin. Cansado, se sentó en el borde de su cama. Tan solo.
domingo 2 de agosto de 2009
Hastío
Finalmente, Rogelio decidió dejar de ser cómplice. Tomó aire, se levantó de su silla y la giró hacia el otro lado. Con el mundo en su espalda.
Nunca más volvieron a verse.
jueves 30 de julio de 2009
de pronto tu boca
se sugiere
en el abismo
y yo
(espeso)
la miro del otro lado
con la piel hecha un desorden
jueves 16 de julio de 2009
Límite
La gota que rebasó el plato hondo de Margarita, fue encontrarse con el rostro de su esposo mirándola fijo desde su sopa dietética de zapallo.
Su esposo, sus tres hijos y su gato Arnaldo aún hoy lamentan su partida.
Su esposo, sus tres hijos y su gato Arnaldo aún hoy lamentan su partida.
sábado 27 de junio de 2009
Lloraba Martín
--Lloraba Martín, lloraba.
--Lloraba por su ausencia, claro. Pero lloraba también porque sabía que un día dejaría de llorar. Lloraba porque sabía que un día se despertaría y no pensaría en ella. Lloraba porque sabía que un día estaría irremediablemente bien. Un día dejaría de doler, un día aquello que le cambió el mundo sería una anécdota más y más borrosa. Una anécdota enclenque, como no podría ser de otra manera. Una anécdota escurridiza, hueca, rellena de ficciones cada vez menos probables. Un cuento que a fuerza de repetirse nos sugiere ridículamente que hemos estado allí. “¿Acaso el pasado es otra cosa?”, le preguntó a la almohada húmeda.
--De pronto entendió que tampoco daría cuenta de su llanto. Desconsolado, fue sus lágrimas y poco a poco, herida a herida, fue secándose.
Hoy, si le preguntan, dice que es un tipo feliz.
--Lloraba por su ausencia, claro. Pero lloraba también porque sabía que un día dejaría de llorar. Lloraba porque sabía que un día se despertaría y no pensaría en ella. Lloraba porque sabía que un día estaría irremediablemente bien. Un día dejaría de doler, un día aquello que le cambió el mundo sería una anécdota más y más borrosa. Una anécdota enclenque, como no podría ser de otra manera. Una anécdota escurridiza, hueca, rellena de ficciones cada vez menos probables. Un cuento que a fuerza de repetirse nos sugiere ridículamente que hemos estado allí. “¿Acaso el pasado es otra cosa?”, le preguntó a la almohada húmeda.
--De pronto entendió que tampoco daría cuenta de su llanto. Desconsolado, fue sus lágrimas y poco a poco, herida a herida, fue secándose.
Hoy, si le preguntan, dice que es un tipo feliz.
sábado 13 de junio de 2009
Falacia de mundos binarios
Estaban donde Chola, en su mercado. De pronto (es que estos eventos generalmente no se anticipan), un hombre en el umbral apurado por robarles.
- Rápido, vacíen la billetera en esta bolsa.
El mango de una posible arma se asomaba por el bolsillo de su campera y convencía a todos los presentes. Excepto, es necesario aclarar, a uno.
- ¡Es mentira! – gritó el pequeño indignado. El mundo bajó la vista para encontrarlo.- ¡Usted no es un ladrón! Si el otro día me ató los cordones a la vuelta de la escuela.
Todo fue silencio. La cara del hombre se hizo roja en un instante. Guardó la bolsa antes de que cualquiera pudiera obedecerle, y con un ademán se despidió. Muerto de vergüenza.
Luego la madre, abrazando fuerte al pequeño cosa de reescribir el pasado:
- ¿En serio te ató los cordones?
- No sé… creo que tenía la misma campera.
- Rápido, vacíen la billetera en esta bolsa.
El mango de una posible arma se asomaba por el bolsillo de su campera y convencía a todos los presentes. Excepto, es necesario aclarar, a uno.
- ¡Es mentira! – gritó el pequeño indignado. El mundo bajó la vista para encontrarlo.- ¡Usted no es un ladrón! Si el otro día me ató los cordones a la vuelta de la escuela.
Todo fue silencio. La cara del hombre se hizo roja en un instante. Guardó la bolsa antes de que cualquiera pudiera obedecerle, y con un ademán se despidió. Muerto de vergüenza.
Luego la madre, abrazando fuerte al pequeño cosa de reescribir el pasado:
- ¿En serio te ató los cordones?
- No sé… creo que tenía la misma campera.
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