lunes, 30 de noviembre de 2009

Lógicas del desencuentro

Se besaron y poco a poco fue quitándole las palabras, las ilusiones, las certezas, la ropa, los sueños. Y así quedó, desnuda. Tan poco interesante.

miércoles, 14 de octubre de 2009

Tiempo

Nos miramos con el amor cansado, y el mundo fue irremediablemente estúpido.

miércoles, 5 de agosto de 2009

La grieta

Un día el Hombre se levantó y decidió ser libre.

Comenzó por la mañana, vigoroso. Desestimó los celos, desmintió los mitos, erradicó la ignorancia.

Al mediodía, almorzó. Luego desechó la culpa, destruyó los dogmas y las religiones enteras, y borró las fronteras nacionales.

Tomó valor después de la hora del té. Ridiculizó a la monogamia, dio muerte a Dios y todas sus sombras (esto le tomó un tiempo considerable), y más tarde abolió las clases sociales y la propiedad privada.

Llegó la noche con su frío. Se dispuso heroico terminar su hazaña y en un grito negó el amor, rompió los espejos y olvidó los libros.


Y así, el Hombre fue libre al fin. Cansado, se sentó en el borde de su cama. Tan solo.

domingo, 2 de agosto de 2009

Hastío

Finalmente, Rogelio decidió dejar de ser cómplice. Tomó aire, se levantó de su silla y la giró hacia el otro lado. Con el mundo en su espalda.


Nunca más volvieron a verse.

jueves, 30 de julio de 2009

de pronto tu boca

se sugiere
en el abismo

y yo
(espeso)

la miro del otro lado

con la piel hecha un desorden

jueves, 16 de julio de 2009

Límite

La gota que rebasó el plato hondo de Margarita, fue encontrarse con el rostro de su esposo mirándola fijo desde su sopa dietética de zapallo.

Su esposo, sus tres hijos y su gato Arnaldo aún hoy lamentan su partida.

sábado, 27 de junio de 2009

Lloraba Martín

--Lloraba Martín, lloraba.
--Lloraba por su ausencia, claro. Pero lloraba también porque sabía que un día dejaría de llorar. Lloraba porque sabía que un día se despertaría y no pensaría en ella. Lloraba porque sabía que un día estaría irremediablemente bien. Un día dejaría de doler, un día aquello que le cambió el mundo sería una anécdota más y más borrosa. Una anécdota enclenque, como no podría ser de otra manera. Una anécdota escurridiza, hueca, rellena de ficciones cada vez menos probables. Un cuento que a fuerza de repetirse nos sugiere ridículamente que hemos estado allí. “¿Acaso el pasado es otra cosa?”, le preguntó a la almohada húmeda.

--De pronto entendió que tampoco daría cuenta de su llanto. Desconsolado, fue sus lágrimas y poco a poco, herida a herida, fue secándose.


Hoy, si le preguntan, dice que es un tipo feliz.